REPARA MI IGLESIA I
Crónica de los trabajos en la iglesia de San Román
Alcoba de la Torre (Soria) · 2-12 de agosto de 2020
Interior de la iglesia de San Román antes de los trabajos.
Diez días para cuidar San Román
Durante los primeros días de agosto de 2020, la iglesia de San Román de Alcoba de la Torre se convirtió en un lugar de trabajo compartido. Entre el 2 y el 12 de agosto se acometieron tareas muy distintas, pero con un mismo propósito: conservar y mejorar el templo. Hubo trabajos de albañilería para combatir las humedades y sanear los muros; carpintería para recuperar puertas, bancos y muebles; y una labor paciente de limpieza, arreglo y puesta en orden de los textiles litúrgicos.
Las fotografías tomadas durante aquellos días permiten reconstruir el proceso casi paso a paso. Esta crónica reúne una selección de ellas y las acompaña de un relato de lo que se hizo.
Antes de comenzar: las humedades eran visibles tanto en el interior como en los muros exteriores.
El primer problema: la humedad
Uno de los problemas más evidentes estaba en la fachada norte. En el interior, las marcas de humedad alcanzaban en algunos puntos aproximadamente 1,80 metros de altura. El primer trabajo consistió en eliminar los enlucidos deteriorados y limpiar las juntas más dañadas, utilizando cortafríos y maza.
Saneamiento del muro norte desde el interior de la iglesia.
Al retirar el revestimiento apareció de nuevo la fábrica de piedra. Las grietas y huecos que iban quedando a la vista se rellenaron con mortero preparado durante los propios trabajos y aplicado con paleta.
Durante el saneamiento y aspecto del muro de piedra una vez terminada la intervención.
La sacristía y sus sorpresas
La sacristía reservaba algunos de los descubrimientos más interesantes. Al sanear sus paredes apareció la antigua puerta, que había sido cegada con materiales poco apropiados. También se retiró el suelo de madera, muy afectado por la humedad y la carcoma, y debajo apareció el suelo original.
La antigua puerta de la sacristía y el proceso de retirada del suelo de madera.
La zona de la puerta exigió especial cuidado. Fue necesario apuntalarla porque una pequeña parte del muro soportaba el peso y, sobre el dintel, había numerosas piedras pequeñas sin juntas de mortero. Después se rellenó el hueco para repartir mejor las cargas y poder retirar los puntales. Finalmente se sanearon y rellenaron con mortero las paredes de la sacristía.
Apuntalamiento de la puerta y aspecto de la sacristía tras el saneamiento.
Un drenaje alrededor de la iglesia
La intervención de mayor envergadura en el exterior fue la ejecución de un drenaje perimetral por las fachadas norte y oeste. Se excavó una zanja de 37,5 metros de longitud, 0,60 metros de anchura y entre 0,60 y 0,80 metros de profundidad, con una pendiente del 1,5 %.
Excavación de la zanja perimetral junto a los muros de la iglesia.
En el fondo se vertió una capa de hormigón de limpieza de 10 centímetros. Después se sanearon los huecos de la base del muro y se realizó una media caña de mortero para preparar la colocación de la lámina drenante.
Hormigón de limpieza y preparación de la base del muro.
A continuación se colocaron la lámina drenante, dos arquetas y el tubo drenante envuelto en geotextil. La lámina se fue sujetando mientras se echaba grava; el tubo quedó después enterrado bajo más grava y, a la salida, se instaló tubería rígida de PVC.
Colocación del sistema de drenaje y de la tubería.
Una vez rellenada la zanja con tierra, la eficacia del sistema pudo verse de una forma muy sencilla: después de llover, el agua salía por la tubería instalada.
El terreno una vez cerrado el drenaje y la salida del agua después de la lluvia.
La madera también necesitaba cuidados
Mientras avanzaban los trabajos de albañilería, otra parte del equipo se ocupaba de la madera. Se intervino en las puertas del tambor interior de entrada y se trabajó sobre los bancos de chopo, que fueron lijados y barnizados.
Puertas del tambor interior y bancos tras los trabajos de carpintería.
También se recuperó la mesa de la sacristía. Su superficie fue limpiada y trabajada hasta devolverle un aspecto cuidado, manteniendo el carácter de la pieza.
La mesa de la sacristía durante el trabajo y una vez terminada.
La puerta de la sacristía fue repintada y el antiguo armario se retiró para instalar uno nuevo, adaptado al espacio y destinado a guardar de forma ordenada las vestiduras y otros objetos.
Repintado de la puerta y aspecto final de la sacristía con el nuevo armario.
El trabajo paciente con los textiles
Otra parte importante de Repara mi Iglesia I transcurrió entre telas, encajes y ornamentos. Se trabajó con la cubierta del sagrario, purificadores y corporales, manteles y roquetes, albas y casullas, casullas de guitarra y capas pluviales, además de los vestidos de la Virgen.
El sagrario y una de las piezas textiles durante su recuperación.
Las fotografías muestran un proceso minucioso de lavado, secado, costura, planchado, reparación y recolocación. Algunas piezas presentaban manchas o deterioros visibles; después del trabajo quedaron preparadas de nuevo para su uso y mejor conservadas.
Purificadores, corporales y manteles una vez tratados y colocados.
Albas, casullas y capas pluviales después de los trabajos.
Un trabajo hecho entre muchas manos
Al terminar aquellos diez días, San Román seguía siendo la misma iglesia, pero muchos de sus elementos habían recibido la atención que necesitaban. Los muros habían sido saneados, la sacristía había recuperado parte de su fábrica antigua, el agua disponía de un camino para alejarse del edificio, las maderas habían sido cuidadas y los textiles estaban limpios, reparados y ordenados.
La memoria de aquellos días no está solamente en el resultado final. Está también en las imágenes de personas picando un muro, preparando mortero, lijando un banco, cosiendo una tela o trabajando junto a una zanja. Son escenas sencillas que cuentan el verdadero sentido de la iniciativa: muchas manos y trabajos diferentes puestos al servicio de un patrimonio común.
La Virgen, con sus vestiduras colocadas después de los trabajos.
Alcoba de la Torre · Agosto de 2020
